La otra cara de la diabetes: estrés, rutina y desconocimiento retrasan su detección

Especialistas advierten sobre el creciente número de personas que viven con esta enfermedad sin saberlo.
El estrés, el sedentarismo y los trastornos del sueño se han convertido en factores silenciosos que alteran el metabolismo y dificultan la prevención, especialmente en jóvenes y adultos en edad laboral.
Noviembre, 2025.- Cada 14 de noviembre se conmemora el Día Mundial de la Diabetes, una fecha que busca generar conciencia sobre una enfermedad que afecta a más de 537 millones de personas en el mundo. En Chile, según datos del Minsal, las cifras también preocupan, ya que se estima que cerca del 12% de la población adulta vive con esta enfermedad y un número significativo aún no ha sido diagnosticado.
La mayoría de los casos corresponde a diabetes tipo 2, una forma estrechamente vinculada al estilo de vida actual. Sin embargo, los especialistas advierten que muchos pacientes no reconocen los síntomas iniciales, que pueden pasar inadvertidos durante años.
“Entre los signos de alerta más comunes están la sed, aumento en la frecuencia de orina, el cansancio, la visión borrosa, la pérdida de peso involuntaria. Reconocerlos a tiempo permite un diagnóstico y tratamiento oportunos. Es importante mantener una alimentación equilibrada, realizar ejercicio de forma regular y acudir a controles médicos periódicos para prevenir o retrasar la aparición de esta condición”, comenta la Dra. Soledad Schaffeld, diabetóloga de Clínica Santa María.
Factores de riesgo más allá del azúcar
El aumento del sedentarismo, la alimentación desbalanceada y el estrés prolongado están influyendo directamente en la aparición de la diabetes. La falta de descanso y los turnos laborales extensos elevan los niveles de cortisol, hormona del estrés, afectando la regulación de la glucosa en sangre y contribuyendo al desarrollo de resistencia a la insulina.
“Muchas personas llegan tarde a casa, comen pan por rapidez y luego se acuestan sin haber tenido una comida equilibrada. A esto se suma el estrés y los turnos de trabajo, que alteran los horarios y favorecen el consumo de azúcar, generando un círculo que termina afectando el control de la insulina”, explica Paulina Mella, nutricionista de Clínica Dávila Vespucio.
A ello hay que agregar factores genéticos y familiares, por lo que los controles preventivos adquieren un rol clave. En este sentido, la Dra. Alejandra Ortega, diabetóloga de Clínica Biobío, enfatiza que estos deberían realizarse por lo menos una vez al año y de manera más frecuente en aquellos pacientes que tienen factores de riesgo como obesidad o antecedentes familiares. “Asimismo, si la persona presenta síntomas como baja de peso, orinar seguidamente, tomar mucha agua o comer en grandes cantidades, también debería chequearse”, comenta.
El rol clave de la alimentación
La nutrición sigue siendo un pilar fundamental, tanto en la prevención como en su tratamiento. Una dieta equilibrada, rica en fibra, proteínas magras y alimentos frescos, puede mantener la glicemia estable y reducir complicaciones.
“Hoy nos enfocamos menos en seguir esquemas rígidos y más en promover un cambio integral y sostenible del estilo de vida. El objetivo ya no es únicamente contar carbohidratos o restringir alimentos, sino fomentar una alimentación saludable, equilibrada y adaptada a las características, preferencias y contexto de cada persona. Actualmente, se privilegia una dieta variada, rica en fibra y con alimentos de bajo índice glicémico, que contribuyen a mantener estables los niveles de glucosa en sangre”, enfatiza Lilian Contreras, nutricionista de Clínica Ciudad del Mar.
La tendencia creciente en niños y adolescentes
Otra preocupación emergente es el aumento de esta enfermedad en población infantil y adolescente, una realidad que antes era casi exclusiva de adultos. “Para prevenir la aparición de la diabetes tipo 2 es fundamental evitar y reducir la incidencia de la obesidad en la población pediátrica. Esto requiere, ante todo, un abordaje a nivel familiar. Es decir, que los miembros adopten hábitos de vida saludables. Si los padres son sedentarios y no realizan actividad física, será muy difícil que los hijos incorporen estos hábitos”, afirma el Dr. Guillermo Ortiz, endocrinólogo infantil de Clínica Dávila.
Cómo actuar e identificar una descompensación
Saber reconocer una emergencia es vital. La Dra. Katherin Falck, directora de Calidad y Gestión de Riesgo de Help, sostiene que hay diferencias claras entre una subida y una bajada de azúcar: “Cuando un paciente tiene la glicemia extremadamente elevada (hiperglicemia), tendrá más ganas de orinar y sentirá más sed y hambre, pero en general es una complicación que da tiempo para consultar. Sin embargo, la hipoglicemia (baja de azúcar) es una emergencia médica inminente que si no se maneja en forma precoz y adecuada puede implicar la muerte”.
“La hipoglicemia se caracteriza por la aparición de sudoración, temblor y, en casos graves, convulsiones. En este caso, es relevante que la persona a la brevedad consuma algún tipo de azúcar de rápida absorción (como un jugo o bebida azucarada) y consulte en un servicio de urgencia”, concluye la especialista.








