A seis años del COVID-19 crece el debate global para evitar otra “fila VIP” en vacunas

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Mientras la OMS negocia nuevas reglas para futuras pandemias, la propuesta de la Unión Europea de basar el acceso a vacunas y tratamientos en compromisos voluntarios de la industria genera preocupación.

AHF, a nivel global y también en Chile, advierte que es clave aprender de la pandemia para garantizar una distribución equitativa en futuras emergencias sanitarias.

Han pasado seis años desde que el 11 de marzo de 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarara al COVID-19 como una pandemia mundial. En Chile, la crisis sanitaria comenzó a desplegarse pocos días antes: el primer caso fue informado el 3 de marzo, la suspensión de clases se anunció el 15 de marzo, el Estado de Excepción Constitucional de Catástrofe se decretó el 18 de marzo, la primera muerte se reportó el 21 de marzo y las primeras cuarentenas comenzaron el 25 de marzo, marcando el inicio de una emergencia que transformó profundamente el sistema sanitario y la vida cotidiana del país.

Las cifras de ese año reflejan el impacto de la emergencia. Según datos del Ministerio de Salud, en 2020 se registraron 126.169 fallecimientos en Chile, lo que representó 16.511 muertes más que en 2019. De ese total, 18.680 personas murieron a causa del COVID-19, equivalente al 14,8% de todos los decesos, convirtiendo a la enfermedad en la principal causa específica de muerte en el país ese año. A nivel global, la OMS estima que 14,9 millones de personas murieron en el mundo entre enero de 2020 y diciembre de 2021 como consecuencia directa o indirecta de la pandemia.

Próxima pandemia

A seis años del inicio de la pandemia, organizaciones de salud pública advierten que el momento de discutir estas reglas es ahora. El Anexo sobre Acceso a Patógenos y Participación en los Beneficios (PABS), que definirá cómo se compartirán vacunas, diagnósticos y tratamientos en futuras emergencias sanitarias, será sometido a aprobación por los países miembros durante la Asamblea Mundial de la Salud de la OMS, que se realizará del 13 al 15 de mayo de 2026 en la sede del organismo en Ginebra.

Lo que se acuerde en esa instancia determinará si el mundo enfrentará la próxima pandemia con reglas más justas o si se repetirán las desigualdades observadas durante el COVID-19. Sin embargo, las negociaciones están lejos de ser simples. Más de 80 países en desarrollo han solicitado que el sistema incluya compromisos obligatorios de acceso equitativo, mientras que la Unión Europea (UE) ha impulsado un modelo basado en compromisos voluntarios de la industria farmacéutica.

La propuesta de la UE permitiría que los fabricantes destinen alrededor del 20% de su producción durante una pandemia, de la cual solo el 10% sería donado, mientras que el resto quedaría sujeto a acuerdos comerciales. Para organizaciones de salud pública, este modelo podría repetir el patrón observado durante la crisis del COVID-19.

“Fila VIP” para vacunas

“La lección de la COVID-19 es clara: cuando las reglas son débiles, prevalece la desigualdad. No puede haber más fila VIP en la próxima pandemia”, afirma Francisco Rubio, director de Incidencia Política de AHF para América Latina y el Caribe. Durante la crisis, explica, el mundo fue testigo de cómo países con más recursos consiguieron vacunas y tecnología médica mientras millones de personas en regiones como América Latina esperaban acceso a herramientas básicas para salvar vidas.

Las cifras de ese período reflejan la magnitud de la brecha. En 2021, los países de altos ingresos, que representan apenas el 16% de la población mundial, concentraron al menos el 70% de las vacunas disponibles, según análisis publicados en The Lancet. Mientras tanto, América Latina, con cerca del 8% de la población global, llegó a concentrar alrededor del 30% de las muertes registradas por COVID-19.

Para Chile, este debate no es distante. Durante los primeros meses de la pandemia, el país logró acceder relativamente rápido a vacunas gracias a acuerdos tempranos con distintos laboratorios y a su estrategia de compra anticipada.

Sin embargo, gran parte de la región enfrentó retrasos significativos, lo que dejó en evidencia las debilidades del sistema global de distribución. En ese contexto, especialistas advierten que de poco sirve acceder tempranamente a vacunas si los países vecinos no logran inmunizar a su población, ya que un futuro virus puede seguir circulando sin control en territorios con intercambio permanente con Chile, afectando nuevamente a toda la región.

“Si algo aprendimos de la pandemia es que ningún país puede enfrentar solo una emergencia sanitaria global. La cooperación internacional es clave, pero también lo es garantizar que el acceso a vacunas y tratamientos no dependa únicamente del poder de compra”, señala Carlos Becerra, director de AHF Chile.

El nuevo acuerdo internacional, sostienen desde AHF Chile, debe establecer reglas claras para asegurar que los beneficios derivados de la investigación científica, como vacunas o medicamentos desarrollados a partir de muestras compartidas por distintos países, se distribuyan de forma justa.

“Chile y América Latina participan activamente en redes globales de vigilancia epidemiológica y comparten información científica cuando surgen nuevas enfermedades. Lo mínimo es que ese aporte se traduzca en acceso oportuno a las herramientas que pueden salvar vidas”, agrega Becerra.

El debate de fondo es si el nuevo sistema establecerá obligaciones vinculantes de distribución de beneficios, incluyendo transferencia de tecnología, licencias y acceso equitativo a vacunas, o si estos compromisos quedarán sujetos a acuerdos voluntarios.

Las negociaciones continuarán durante marzo y abril de 2026, con la expectativa de cerrar el acuerdo antes de mayo. Lo que se decida en esas reuniones definirá las reglas del juego para la próxima emergencia sanitaria global.

Para las organizaciones de salud pública, la discusión no es solo técnica, sino también política. Si el sistema vuelve a priorizar el poder de compra por sobre la necesidad sanitaria, advierten, el mundo podría enfrentar la próxima pandemia con las mismas desigualdades que marcaron la anterior.

“Un acuerdo débil corre el riesgo de repetir la historia. La próxima pandemia no es una posibilidad remota. Es una certeza. La pregunta es si habremos aprendido algo cuando llegue”, concluye Rubio.

 


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El Espejo de Malleco
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