Más de 21 mil personas diagnosticadas con VIH no reciben tratamiento en Chile
Especialistas advierten que la brecha entre las personas que viven con VIH, conocen su diagnóstico y reciben tratamiento alcanzó a 21.915 personas en 2024, configurándose como uno de los principales desafíos para la respuesta al VIH en Chile.
En el marco del Día Mundial de la Salud Sexual, que se conmemora cada 4 de septiembre, AIDS Healthcare Foundation (AHF) Chile advierte sobre una de las principales brechas en la respuesta al VIH en el país: personas que viven con el virus y cumplen con los criterios para acceder a terapia antirretroviral que aún no inician su tratamiento. Esta situación preocupante que eleva la mortalidad asociada al VIH y favorece la transmisión del virus.
Estimaciones del Ministerio de Salud, MINSAL de 2024 indican que 91 mil personas viven con VIH en Chile, mientras 86.419 conocen su diagnóstico. Sin embargo, sólo 64.504 están en tratamiento antirretroviral. La diferencia entre ambos grupos es de 21.915 personas.
El informe indica que entre 2020 y 2024, el número estimado de personas que conocen su estado aumentó de 66.830 a 86.419, mientras quienes reciben tratamiento pasaron de 54.153 a 64.504.
Después del diagnóstico
El jefe del departamento de VIH y ETS del Minsal, Fernando Bernal, el 6 de julio ante la comisión de salud del Senado, advirtió que Chile enfrenta un nudo crítico en el segundo pilar de la cascada de atención del VIH, y aclaró no responde a una falta de acceso a las terapias, cuya cobertura está garantizada por el sistema público, sino a dificultades para mantener a las personas vinculadas de manera continua a sus controles y tratamientos.
Para Francisco Rubio, director de Advocacy de AHF para América Latina y el Caribe, estas cifras son un llamado a que la discusión sanitaria considere no sólo la relevancia del diagnóstico, sino lo que ocurre después. “Chile ha conseguido que una proporción importante de las personas que viven con VIH conozca su diagnóstico. Sin embargo, hoy el desafío está en conseguir que ese conocimiento se traduzca en acceso y continuidad del tratamiento”, aclara.
Una persona que recibe un resultado positivo necesita contar con un acompañamiento claro hacia la atención y la terapia, “sin barreras que terminen alejándolas del sistema”, señala Rubio. Una baja o nula adherencia al tratamiento, dice, puede afectar la evolución clínica, aumentar el riesgo de fracaso terapéutico y favorecer la aparición de resistencia a los medicamentos.
¿Qué factores influyen en el acceso y la continuidad de las terapias? Para Rubio un elemento determinante es el temor al estigma y la discriminación asociados a revelar el diagnóstico. Actualmente, pese a todos los avances en VIH, “el temor al estigma aún está presente, y el miedo al rechazo familiar o laboral aleja a las personas de los centros de salud”, sostiene.
Al mismo tiempo, dice, persisten prejuicios sobre los efectos adversos de las terapias, “concepciones obsoletas que provienen de las primeras etapas de la epidemia y que generan desconfianza respecto de la seguridad de los medicamentos actuales”, indica.
Una revisión sistemática de evidencia cualitativa publicada en 2018 en la revista Social Science & Medicine, sobre las razones por las que personas con diagnóstico de VIH no iniciaban su tratamiento, identificó tanto barreras personales como de los servicios de salud. Uno de los principales factores fue que las personas se sentían saludables y no percibían una necesidad inmediata de tener tratamiento. También se nombraron el estigma asociado al VIH, el temor a revelar el diagnóstico, la falta de apoyo social y el conocimiento insuficiente sobre los beneficios de la terapia. El estudio identificó a su vez, dificultades vinculadas al acceso a los centros de atención, como costos de traslado, tiempos de espera, horarios poco convenientes, problemas para obtener citas y preocupaciones sobre la confidencialidad.
El especialista de AHF Chile destaca que el sistema de salud suele movilizarse cuando la persona ya ha suspendido su esquema de medicamentos, destinando recursos para que el paciente retome su tratamiento. Sin embargo, resalta, “necesitamos un cambio estructural para anticipar esta realidad, con un acompañamiento personalizado que evite la desincorporación y desplazando el foco desde la reacción hacia una prevención permanente”.
Efectividad del tratamiento
Que más de 21 mil personas que conocen su diagnóstico no hayan iniciado tratamiento preocupa a los especialistas, especialmente considerando que la terapia antirretroviral en Chile ha demostrado una alta efectividad para controlar el virus y evitar su progresión . En 2024, de las 64.504 personas estimadas en tratamiento, 61.496 habrían alcanzado una carga viral indetectable, lo que representa un 95% de supresión viral entre quienes reciben TARV y un 68% respecto del total de personas estimadas que viven con VIH.
“Los datos del Minsal muestran que cuando las personas llegan al tratamiento, los resultados son favorables. Por eso es necesario prestar atención a la distancia que existe entre conocer el diagnóstico y acceder a una terapia sostenida. Reducir esa brecha puede tener efectos tanto en la salud de las personas como en la respuesta frente a nuevas infecciones”, plantea Rubio.
Entre las medidas más relevantes, indica el experto de AHF Chile, están el uso de preservativos y lubricantes, el tratamiento antirretroviral, la prevención pre y post exposición, el diagnóstico y tratamiento de infecciones de transmisión sexual y la provisión de servicios de testeo. A ello se suma la necesidad de integrar los servicios de salud y abordar el estigma y la discriminación que pueden dificultar el acceso y la continuidad de la atención. “También se requiere la integración de los servicios de salud y la eliminación del estigma y la discriminación como parte de una respuesta sostenida frente al VIH”, añade Rubio.
En este escenario, “AHF Chile llama al Ministerio de Salud y a los legisladores a priorizar el cierre de la brecha entre diagnóstico y tratamiento, fortaleciendo los mecanismos de vinculación y permanencia en la atención”, enfatiza Rubio, lo que implica, añade, acompañar a las personas desde el diagnóstico, identificar oportunamente las interrupciones en los controles y facilitar su reincorporación al tratamiento cuando sea necesario.
Para AHF Chile, el Día Mundial de la Salud Sexual permite abordar el VIH desde una perspectiva que considere todo el proceso de atención. “Hablar de salud sexual implica también hablar de acceso al diagnóstico y al tratamiento. El VIH tiene herramientas eficaces para controlar el virus, pero esas herramientas deben llegar a las personas y mantenerse en el tiempo”, concluye Rubio.

