Reinserción juvenil: una apuesta por la seguridad y el futuro

Por Stephanie Caminondo

Seremi de Justicia y Derechos Humanos

La Araucanía

En una región como La Araucanía, donde la seguridad pública es una preocupación constante, el desafío no es solo enfrentar el delito en el presente, sino evitar que se repita. En ese camino, la reinserción social juvenil no es una alternativa secundaria: es una herramienta clave para construir seguridad real y duradera.

Hablar de reinserción muchas veces genera debate. Para algunos, puede parecer una medida blanda. Sin embargo, la evidencia y la experiencia son claras: cuando un joven logra reinsertarse, disminuye la reincidencia y aumenta la seguridad para toda la comunidad. En esa misma línea, el ministro de Justicia y Derechos Humanos, Fernando Rabat ha sido claro en afirmar que “creemos firmemente que la reinserción es seguridad, y por eso constituye uno de los focos principales del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos”

Esta no es solo una consigna, sino una forma distinta, y más efectiva, de abordar la delincuencia. Implica entender que combatir el delito no pasa únicamente por sancionar, sino también por generar oportunidades reales de cambio. En ese sentido, uno de los mayores aprendizajes ha sido que el desafío no radica solo en aumentar recursos, sino en mejorar la gestión: reactivar políticas, articular instituciones y enfocarse en resultados concretos.

Hoy sabemos que la reinserción sí funciona cuando existen oportunidades reales. Existen jóvenes que han pasado por programas de intervención y han logrado incluso ingresar y mantenerse en la educación superior, demostrando que es posible reconstruir proyectos de vida. Ese es el horizonte que queremos consolidar: que ningún joven quede definido para siempre por un error, sino que tenga la opción de cambiar su historia.

Para ello, la educación, la capacitación y el acceso al empleo son fundamentales, así como el trabajo colaborativo con organizaciones públicas, instituciones y el sector privado. La reinserción no ocurre en el discurso, sino en oportunidades concretas que permitan cambiar trayectorias y el trabajo colaborativo.

Pero avanzar en esta materia también exige realismo. Existe un grupo reducido de jóvenes con altos niveles de reincidencia, que concentra buena parte de los delitos más complejos. Frente a ello, la respuesta no puede ser uniforme: se requiere intervención focalizada, especializada y oportuna. Solo así es posible evitar que esas trayectorias delictivas se consoliden en la adultez.

Al mismo tiempo, es fundamental fortalecer el rol de las familias. La responsabilidad parental y la intervención temprana son claves para prevenir conductas transgresoras desde su origen. La seguridad también se construye en el hogar, con acompañamiento y orientación.

La reinserción social juvenil es, en definitiva, uno de los pilares para una seguridad más efectiva. No basta con castigar; es indispensable ofrecer caminos que eviten que los jóvenes vuelvan a delinquir.

Porque cada joven que logra reinsertarse no solo cambia su vida y la de su familia, mejora la seguridad de toda la comunidad.

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