CUIDADO NO REMUNERADO Y FEMINIZACIÓN DEL TRABAJO

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Paula Jara, psicóloga con postítulo en familia, violencia e interculturalidad de la Universidad Católica de Temuco, actual Directora Ejecutiva de la Consultora y del Centro de Formación y Capacitaciones CEDEB, nos invita a reflexionar sobre la necesidad de contar con políticas, planes y programas con perspectiva de género.

Lo anterior, considerando que el principio de igualdad y no discriminación fue concebido por la Corte Interamericana de Derechos Humanos como principio rector, como derecho y como garantía, consagrándose la igualdad de género como un derecho humano fundamental presente en los distintos instrumentos y marcos normativos.

 

En nuestra cultura, el significado de “ser hombre” o “ser mujer” están fuertemente arraigadas, lo que ha legitimado la desigualdad histórica presente entre hombres y mujeres. Deconstruir estereotipos e instalar nuevas formas de relacionarnos, es necesario si queremos ser parte de una sociedad justa y equitativa.

 

En Chile, el 20,1% de las mujeres se encuentra en la línea de la pobreza multidimensional, es decir, 1 de cada 5 mujeres está en esta situación, más desfavorable respecto de las demás, añadiendo complejidades que no permiten mejorar su calidad de vida (CASEN, 2017). “En la dimensión del acceso al trabajo, existe una brecha profunda de género debido a múltiples factores que dejan a las mujeres en posición de desigualdad. En Chile, ellas siguen siendo las principales responsables de las tareas domésticas y de cuidado. Se suma a lo anterior, que un 84,9% de los hogares monoparentales está a cargo de una mujer, las que, en su mayoría, no reciben ninguna contribución de los padres para la crianza y educación de los hijos e hijas comunes”, comenta la especialista.

 

La feminización del trabajo y el cuidado no remunerado explica la división sexual del este, lo que obstaculiza la participación equitativa de las mujeres en el mercado laboral, comprometiendo no solo la autonomía económica de las mujeres, sino que les impide generar ahorros suficientes para acceder a pensiones, por ende, gozar de un nivel de vida digno en la vejez. De igual modo, la brecha salarial entre hombres y mujeres producto de la segregación del trabajo no hace más que perpetuar las violencias estructurales contra las mujeres.

 

Finalmente, plantea que es necesario eliminar todas las formas de violencias que afectan a las mujeres y a las niñas para alcanzar un desarrollo sostenible, para lo cual se requiere de un conjunto de acciones entre los distintos sectores en pro de la igualdad de género que permitan erradicar las brechas existentes en educación, empleo, participación laboral, salarios, seguridad y protección social, para lo cual se requiere reconocer el trabajo de cuidado no remunerado, promover la igualdad de oportunidades en el empleo, incentivar la participación laboral de las mujeres, fortalecer las redes de cuidado, entre otros, transformaciones que en su conjunto busquen eliminar las desigualdades estructurales que las mujeres experimentan.