Who is important in Chile? Por Jorge Abasolo

Esta columna bien podría llamarse también “Carta abierta a mi sobrino”. Vamos escrutando…

Querido sobrino:

Percibo que te ha impresionado mucho lo que escribió cierto pensador chileno acerca de quién era importante en los Estados Unidos (Gringolandia). Es cierto que en América Latina existe un anti-yanquismo en grado supremo.

Este antiyanquismo automatizado ha servido de subterfugio para justificar el atraso económico latinoamericano, que ya parece una porción del planeta “pinguinaria”. Cierto, nos parecemos a los pingüinos: aleteamos y aleteamos, pero no despegamos nunca.

Con todas sus lacras intervencionistas, Estados Unidos sigue siendo potencia mundial de marca mayor y allá existe una cultura cívica que debemos envidiar…luego imitar y adaptar.

En Chile una persona honrada nunca será importante, no porque se mire en menos la honestidad, sino porque, entre honrados y pillos, estos últimos siempre se “roban la película” (y a veces las butacas y hasta el cine completo)

Todo el país vive preocupado con entusiasmo digno de mejor causa acerca de los negocios espurios que hacen los sinverguenzas (Soquimich, Penta o Caval sin claros ejemplos, aunque no los únicos). Saben y siguen eufóricos los negocios que hacen estos care’palos y hasta están al día acerca de las cifras que perciben por cada coima y cuándo, cómo y a qué hora y hasta con quién se gastan la plata. Generalmente tejen redes con caraduras de más alta jerarquía, para potenciar las redes de la maffia y cubrirse de los pocos que desean dejarles caer el peso de la justicia.

A fuerza de nombrarlos, la opinión pública llega a identificarse con sus intereses y a estar convencida de que no podrá prescindir de ellos, aunque se trate del manejo de la cosa pública…

Tampoco un médico o un artista cuentan con probabilidades de ser hombres importantes, a menos que se vean mezclados en episodios de la crónica roja. El caso de Tito Fernández es un claro ejemplo de lo que te digo.

De nuestra famélica TV…¡mejor ni hablar! El doctor Fernando Monckeberg, el mismo que derrotó la desnutrición en Chile, es menos importante que cualquier opinólogo de la farándula chilena. No lo llevan a la pantalla chica, esgrimiendo la misma salmodia que se aplica a todos los que piensan más allá de lo normal: NO VENDE.

Personalidades como Claudio Naranjo, Bernardo Subercaseaux o Humberto Maturana no van a la tele…y los entiendo. No pueden hablar en serio más de cinco minutos, ya que luego hay que darle pase al humorista nuevo con chistes viejos…u ofrecerle tribuna a la nueva chica sexy de la tele que exhibirá tetas nuevas, y donde nuestros agudos periodistas le formularán preguntas de jaez ya conocido: ¿con qué doctor te operaste?  ¿Te salió muy cara la operación?  ¿Piensas en hacerte otra más para cambiar tu anatomía?

Entonces, cabe hacerse la pregunta: who is important in Chile?

Desde luego, los camioneros. Estos no tienen nada que ver con “monos” ni con las autoridades de Tránsito. Son dueños de la calle por derecho “de tonelaje” y se rigen por La Ley de Moraga. Si tú vas conduciendo tu cacharro desde Santiago a Casablanca, cédeles la calzada, tírate a tierra y –si te es posible- a la quebrada…de un zuácate. Siempre saldrás con menos costillas rotas y te librarás de la acusación de que ibas por la izquierda, y a exceso de velocidad.

Si por el camino te encuentras con un parlamentario al volante, cédele el paso de inmediato. Ya sé que irá a 130, 140 ó 160 kph. Pero si te roza, aunque tu vayas a velocidad prudente, estarás perdido.

Nada podrás hacer frente a los Honorables representantes del Poder, pues gozan de franquicias y sinecuras que el chileno común y corriente sólo tiene en su imaginación.

En nuestro enjuto y aporreado país trata de ser siempre probo y actuar con transparencia. Imita a los carabineros de la calle, a ese paquito que no tuvo nada que ver con el gran fraude encabezado y gozado por oficiales más falsos que factura de gitano. Y como el hilo se corta por lo más delgado, ese modesto paquito sigue pagando el pato.

No te entusiasmes jamás con los negocios truchos, tentación fáustica muy en boga en este país llamado Chile.

¿Supiste lo de la colusión de las farmacias?

Ahí se aplicó “la ley a la chilena”. Es decir aquella frágil malla que atrapa a los mosquitos y deja pasar a las aves rapaces.

¿Qué hubiese sucedido si este delito de colusión se hubiera perpetrado en un país tan vapuleado como los Estados Unidos, la cuna del capitalismo? Allá se hubiese llamado a una auditoría externa, y la multa a pagar hubiese equivalido TRES veces la suma de lo que pensaban ganar ilícitamente estos filibusteros de las finanzas con su malhadada colusión.

Pero acá en Chile nos olvidamos de aplicar el modelo liberal…O mejor dicho, lo aplicamos, pero “a la chilena”. En otras palabras, no hicimos caso al modelo de libre mercado que impera en Alemania, Finlandia, Corea del Sur o cualquier país europeo…y lo aplicamos al más puro estilo chilensis. Es decir pusimos en práctica la muy criolla Ley del Embudo.

De la migración fácil y a gran escala, espero explicártelo en otra carta, pues el tema da para largo. Sólo te puedo contar que jamás se había visto que en el Aeropuerto “Arturo Merino Benítez” (al cual sigo llamando por el bello nombre de “Pudahuel”) un avión sin identificación y más falso que beso de madrastra, llegó a las tres de la mañana y sus pasajeros (todos haitianos) bajaron sin pasar por la aduana. ¿Quién pudo haber dado una orden de este tipo? ¿La presidenta de entonces, la señora Bachelet? ¿el ministro del Interior? ¿Ambos juntos?  Es uno de los tantos misterios que trataré de develarte en una próxima carta.

Admito que lo ocurrido en Carabineros de Chile me dejó descolocado.

Pero, lo ocurrido en el Ejército con el ex comandante en Jefe, señor Juan  Miguel Fuente-Alba (por malversación de caudales públicos) es sólo la punta del iceberg. Ahora ha quedado demostrado de forma palmaria que el general Fuente-Alba manejaba a su entero amaño las remesas de gastos reservados asignadas para labores de inteligencia y Seguridad del Ejército. El care’palo de Fuente-Alba procedió con astucia a desviar parte de esos fondos a sus faltriqueras personales. Eso se llama “inteligencia”…en beneficio propio.

Querido sobrino: este papelón en las FFAA da para mucho, pero te haré la síntesis del resumen: Fuente-Alba enfrenta ahora un procesamiento en calidad de autor de una histórica malversación de casi 3.500 millones de pesos provenientes de caudales públicos, y que Fuente-Alba usó para fines personales y familiares. Está bien preocuparse de la familia…¡pero no de esa manera, pues!

Me da pena nuestro Ejército…cómo se revolcarán en sus tumbas hombres como O’Higgins, Carrera, Santiago Bueras, Pedro Lagos, Erasmo Escala, Rafael Sotomayor y tantos otros.

Este mismo Ejército, orgullo de los chilenos, el mismo que jamás ha sido derrotado en guerra alguna, lo más probable es que sea derrotado en los tribunales de justicia. Gran parte de esa responsabilidad debe asumirla Fuente-Alba y sus secuaces, que han emporcado un Ejército de gloriosas jornadas, como las de Chorrillos, Miraflores, La Concepción, Toma del Morro de Arica y un largo etcétera.

Querido sobrino: en otro orden de cosas, te puedo agregar que lo más fresco ha sido lo protagonizado por los “frescos” del Plan Nacional de Seguridad de la Subsecretaría de Prevención del Delito, entre los años 2012 y 2014, plena Era de Bachelet.   Parece chiste cruel o relato surrealista pero así fue. Lee bien sobrino: un informe de la Contraloría detectó un fraude por 122 mil millones de pesos para pagar favores políticos.

¡El negociado fue perpetrado en la propia Subsecretaría de Prevención del Delito!  Si ellos no previenen el delito…como dice el Chapulín Clorado, ¿quién podrá defendernos?

También es cierto el presidente del Senado tiene ingresos (dieta + asignaciones), que alcanzan los 30 millones. Es decir, superiores a lo que recibe el Rey Juan Carlos de España.

Es cierto que los senadores se autoasignaron 2 millones de pesos para ¨difusión de actividades en terreno” de manera indefinida. Parece que no les bastaba con los 15 millones de pesos que percibían antes de…

A veces me pregunto: ¿por qué los seguimos llamando Honorables? Aunque bueno, en honor a la verdad, se tratan así solo entre ellos. La mayoría de los chilenos los llama de una manera que no puedo decir aquí, pues me censurarían la columna.

Triste es concluir que cuando los que mandan pierden la vergüenza, los mandados (nosotros) tenemos derecho a perder el respeto.

Pero tal cual lo hablamos la última vez, vivimos en un país maravilloso, querido sobrino. Cierto es que nos hemos descarrilado un poco, pero aún hay tiempo para enmendar el rumbo.

Y bueno…sólo espero verte pronto para –junto a tu padre- humedecer la palabra y conversarnos la vida.

Tu tío que te quiere:

 

JORGE

 

 

 

 

 

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