18 de septiembre de 1810. Escribe Jorge Abasolo.

¿Qué mejor que este Mes de la Patria para hablar un poco acerca de cómo somos los chilenos?

Esta cosa de no jugarse el todo por el todo…de dejar siempre un resquicio para arrancar por si las cosas no resultan como estaban planificadas, es muy chileno.

La Primera Junta de Gobierno en septiembre de 1810 es muy decidora en este sentido.

Es un caso digno de análisis. (PAUSA)

Había que independizarse.

Pero fue a la chilena.

O sea, propiciando la independencia pero jurando lealtad al Rey Fernando VII.

Doble standard…

¿En qué quedamos?

Lo que más queríamos los chilenos era salir de la monarquía.

¿Y a quien elegimos como presidente de la Primera Junta de Gobierno?

¡A un monarquista!

Claro. Don Mateo de Toro y Zambrano era español hasta los tuétanos y partidario de la monarquía.

Menos mal que el viejo estaba decrépito y lo que afirmaba en un momento lo desmentía al rato siguiente.

Era viejo el hombre…estaba muy achacoso…

Dicen que incluso había visto como cuatro veces el cometa Halley.

Era de la época cuaternaria.

Esta primera junta de Gobierno, que viene siendo algo así como un himno, como un cántico a la idiosincrasia nacional.

Eso de invitar a la Junta a solo 14 españoles… no cuenta mucho porque forma parte de la pillería chilena.

Habían 1.900 españoles en Chile y se invitaron sólo a catorce.

No éramos virreinato…éramos Capitanía General…éramos pobres…éramos patriotas, pero no éramos huevones.

La cosa tenía que venir arreglada.

Hasta ahí, ningún problema.

Ya les recordaba yo que elegimos presidente de la Junta a un partidario de los realistas.

Lo lógico sería que un chileno hubiese quedado como vice-presidente de la mentada Junta.

Pero, ¿qué pasó realmente?

Aquí surgió una lacra muy sintomática del alma chilena.

Fue parte del stock de manías nacionales.

¡Nadie quería hacerse cargo de la vice-presidencia!

Entonces, ¿qué hicimos?

Optamos por lo más salomónico…pero salomónico a la chilena!

Elegimos de vice-presidente a alguien que no estaba presente!!

¡Era la única manera de que no se negara!

Y así fue como elegimos al curita José Antonio Martínez de Aldunate…¡que no estaba presente en la asamblea!

Y el hombre, como buen samaritano,…no se negó…

En síntesis y retomando el tema central de esta perorata…

¡ya en esos tiempos la innovación brillaba por su ausencia!

Pero faltaba más…El día de la junta no se redactó acta alguna.

¡¡No se redactó acta!!

Típicamente chileno.

Para no dejar rastros, claro…

En una de ésas nos salía el tiro por la culata con la independencia y había que preparar la táctica para quedar bien con nuestros enemigos.

Sólo unos días después apareció en el libro del Cabildo una proclama que no está firmada por nadie…y que jura dar “hasta la última gota de sangre por Fernando VII.”.

Antes de agosto de ese año, la personalidad del Cabildo ya se había expresado cuando la Real Audiencia les pidió encarecidamente que, de una vez por todas, discutieran si había que reconocer o no a la junta Regidora de Cádiz, a la cual, tras darle muchas vueltas, reconocieron, pero sin juramento.

¿Habráse visto Junta más chilena que ésa?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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