LA FIEBRE DEL ORO EN ANGOL. De Sergio Martínez Vigueras

Dicen que el tiempo es Oro en relación a su derroche, ese metal tan codiciado por los conquistadores españoles y que existía en abundancia en la Vertiente Oriental de la Cordillera de  Nahuelbuta, específicamente en áreas de Angol, Los Sauces y Traiguén.

Ya desde la primera fundación de Angol en 1553 se comenzaron a explotar mediante el sistema de Lavado, los mantos auríferos de las quebradas cercanas. Con el inicio del Angol republicano en 1862 se sostuvo la explotación de estos lavaderos de oro en toda Nahuelbuta. Dos son los periodos de intensidad que registra la extracción de oro en las cercanías. El primero comprende los años 1885 y 1905 en los cuales se aplico el Sistema monetario de Patrón oro, mediante el cual el valor de una moneda es convertible en oro. Eso aumentó la demanda del preciado metal. El segundo periodo corresponde al regreso del Patrón oro entre 1926 a 1931 y el periodo que siguió hasta bien entrada la década del 40´.

El proceso de descubrimiento de una mina de oro  se rigió por los Códigos de Minería de los años 1874, 1888, 1930 y 1932, en los cuales se estableció la libertad de minas, es decir, el Estado es dueño de los minerales, pero permite su explotación y concesión, entre otras singularidades establece que el descubridor del yacimiento es su dueño, independiente del propietario del terreno. El proceso contemplaba la publicación del descubrimiento y pedimento de explotación de la mina en el periódico cabecera de comuna. En estas publicaciones se bautizaba con nombre a la mina, y se establecían sus coordenadas geográficas, se esta forma legendarias fueron el “Estero de Las Minas”, o Pellomenco, vertientes del “Cerro Pelado” y muchas mas.

En 1932, por ejemplo se Establecieron Lavaderos de oro en la zona de Agua Fría, Lo Baeza, Los Lleulles y Aguas Coloradas. En las diversas quebradas se establecían campamentos mineros de 500 a 1000 hombres,  con pulperías e improvisadas casas, a cargo la Empresa Fiscal de Lavaderos de oro que tenían un Administrador, mayordomos y un inspector del Departamento de Minería. Los obreros debían entregar la producción a la Empresa, que por esa época alcanzaba a medio gramo de oro diario por hombre. El metal obtenido iba a incrementar las arcas del Banco Central que recibió solo ese año más de 100 kilos de oro de la zona. El Fisco debía luchar también contra los compradores clandestinos o establecidos que pagaban más por el gramo de oro. Ese mismo año en la quebrada Agua Buena de Deuco el minero Juan Montoya encontraba una pepita de 48,5 gramos.

Ya sea por agotamiento del mineral o por la poca demanda en ciertas épocas cesaba la fiebre del oro. Sin embargo, hasta épocas reciente era parte del paisaje urbano ver uno que otro melancólico minero del oro de vuelta de su faena,  recordando glorias pasadas, soñando con la bendita pepita dorada. Es el recuerdo de tiempos de oro, ese que tal vez aún guarde el corazón de Nahuelbuta.


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