LOS ANGOLINOS DEL SIGLO XIX. Por Sergio Martínez Vigueras

Las costumbres y formas de vivir en comunidad ciertamente que van cambiando con el tiempo. Una forma útil de analizar cómo era la vida de los angolinos de hace  140 años atrás es a través de las Ordenanzas de Policía.  Angol en esos años era tan pequeño que por el Sur abarcaba el rio Picoiquen en línea recta con la casa de  Fernando Ibarra situada en las márgenes de ese rio y llegue a la esquina sur de la Estación; al oriente la línea férrea; al norte la calle Colima y al poniente el rio Picoiquen. Pero que estaba permitido y prohibido en aquel entonces.

Según la Ordenanza de Policía para la ciudad aprobada en 1879 y que rigió todo ese siglo, serán consideradas faltas las siguientes: personas ebrias en las calles que molestasen a los transeúntes; quienes suscitaban pendencias o vertían expresiones subversivas o inmorales; cualquier persona que en la noche usase disfraces; estaba prohibido cargar pistola, cuchillo, puñal, arma blanca o de fuego sin permiso de la Gobernación; disparar armas de fuego, cohetes, voladores u otros objetos inflamables; galopar dentro de la población excepto médicos, confesores, militares, policías o correos; los depósitos de pólvora en las casas, en los comercios solo podían tener 5 kilos de pólvora para la venta; los perros que mordían a algún transeúnte eran sacrificados tuvieran dueño o no; caballares, vacunos y demás que se encuentren sueltos eran recogidos en el cuartel de policía; los carreteros podían tener máximo dos yuntas de bueyes y si causaban algún daño particular o publico con sus carretas eran puestos en prisión por cuatro días.

En materia de Salubridad planteaba: las boticas permanecían abiertas hasta las 10 de la noche en invierno y hasta las 11 de la noche en verano; las boticas no podían venden sin receta medicamentos, venenos y narcóticos; estaba prohibido bañarse,  lavar la ropa o arrojar inmundicias en las acequias que surtían de agua a la población; la crianza o engorda de cerdos dentro de límites urbanos; vender fruta, pescado o carne en descomposición.

En materia de limpieza y ornato: situar asientos o bancas en las calles; los vecinos debían barrer el frente de sus casas los días miércoles y sábados antes de  las 7 de la mañana en verano y antes de las 8 de la mañana en invierno, también limpiar su acequia una vez al mes; no se permitía edificar en la línea de la calle y las ventanas debían abrirse hacia el interior de las casas; entrar a caballo en las avenidas de las plazas; los que dañaren  arboles, faroles, asientos y demás objetos públicos 8 días de prisión; las casas que no se beneficiaban del alumbrado público debían poner un farol en la puerta todas las noches que fueren de luna, siendo encendido hasta las 11 en invierno y hasta las 12 de la noche en verano; las posadas, cafés, billares, chinganas y tambos debían tener farol en su puerta hasta que dejasen de funcionar; cinco días antes del dieciocho debían blanquearse el exterior de las casas y los días 17, 18 y 19 de septiembre poner bandera y luminarias en las casas;  estaba prohibido jugar en las calles al trompo, chapas, chueca, volantín si se molestaba a los transeúntes; las casas debían tener al menos 2,50 m. de altura y su alero hasta 30 centímetros; se prohibía la fiesta del “velorio del angelito” cuando fallecía algún párvulo.

Foto referencial.www.carruajeseldelarubita.es

 

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