La Profesión más Antigua del Mundo Por Sergio Martínez Vigueras

Con ese singular nombre se designaban antiguamente los lugares donde se ejercía la prostitución,  que es según el dicho, “la profesión más antigua del mundo”. Pero ¿cómo se regulaba este oficio hace  un siglo atrás en nuestra ciudad? ¿Cuáles eran sus consecuencias sociales y económicas?

En Angol proliferaron ciertos barrios rojos, tales como Chillancito y Coñuñuco en los cuales existían dos tipos de locales: las Casas de Tolerancia, pariente lejano de las antiguas chinganas, eran lupanares subidos de tono donde se podía ir a escuchar cantar, tocar guitarra y en la cual habían muchachas a disposición de los parroquianos para ejercer la prostitución; los otros recientes eran las Casas de Citas: locales similares a los cuales se podía ir en pareja a “echar su cana al aire, eran ancestros de los actuales  moteles, de citas tenían solo la fachada . También se ejercía la prostitución clandestina en múltiples casas particulares en barrios como el Cañón, cerca de la Plaza Bunster, en calle Artesanos,  o en el Barrio Estación.

La práctica de la prostitución, especialmente la clandestina había sido la responsable de la aparición de enfermedades de trasmisión sexual o de profilaxis social o enfermedades secretas como se les denominaba en la época. La sífilis y la gonorrea hacían estragos no solo en el bajo pueblo sino en las familias más pudientes, era una plaga mortífera y en los mejores casos dejaban secuelas o deformaciones. La plaga se extendía al seno mismo de las familias al contagiarse la cónyuge y así seguía el círculo vicioso, al no saber el infectado de su enfermedad sino después de un periodo de semanas o meses.

Como una forma de controlar la parición de estas enfermedades el Municipio de Angol desde la década de 1890 tomó parte activa en el control de la prostitución. En varios de sus artículos el Reglamento de Policía de Angol menciona estas medidas: se llevaba un registro de las casas de tolerancia y de sus inquilinas que debían avisar su cambio de domicilio;  las muchachas que ejercían “el libertinaje” ya fuese permitido o ejercido de forma clandestina,  debían ser mayores de 25 años y  someterse a  una revisión semanal con el médico de la ciudad quien entregaba un carnet o libreta con los controles, el médico autorizaba el ejercicio y derivaba a  los prostíbulos, caso contrario las enfermas de derivaban al Hospital. Los locales debían tener a vista del público una lista con las asiladas y el estado sanitario de cada una de ellas. También en las piezas de las asiladas, debía estar visible su carnet sanitario con fotografía,  con fecha y forma del médico. Las multas podían ir desde aceptar a una prostituta infectada, hasta al consumo de alcohol en sus dependencias. Los prostíbulos no podían ubicarse a menos de 200 meros de Escuelas y Templos, sus puertas se abrían solo durante la noche, las mujeres no podían instalarse en sus ventanas o balcones, ni provocar o incitar a los transeúntes.

En la prensa de 1901 los Padres de familia se quejaban “por el incremento que toman diariamente nuestros pueblos las casas de tolerancia, pasando a salir años atrás a un reglamento es todo marchaba perfectamente. No se escandalizaba al público ni a los vecinos con desórdenes, gritos ni espectáculos groseros, como sucede actualmente. Varias de dichas casas están ahora situadas en el centro de la población, y lo que es más doloroso todavía la prostitución está propagando  con tan asombrosa rapidez que puede decirse que se ha establecido en todas partes. Así, no es extraño presenciar diariamente en todas partes, escenas que están en pugna con la moral y la decencia, que acarrean los grandes males, que son la causa de infinitas desgracias que ocurren en el seno de ordenadas familias. No habrán pasado desapercibidos para usted Sr. Director, los gritos y desórdenes que forman por las calles de la población las corrompidas moradoras de estas casas, los días domingos o festivos, cuando de vuelta de alguna orgía, vienen dominadas por el Dios Baco, de a pie o en coche. Cuando lo hacen de esta manera recorren las calles al son de guitarra, gritando y cantando canciones que escandalizan a cuanta persona tiene la desgracia de oírlas. Ojalá que la Ilustre Municipalidad tome el acuerdo de implantar nuevamente el antiguo reglamentos de casas de tolerancia que desempeñaba tan útiles beneficios.”

Años más tarde la prensa nos volvia a recordar “ noche a noche, en distintos puntos de la ciudad, puede verse lo que indicaba en casas denominadas de remoliendas o presuntuosamente particulares, cuyos dueños, negociantes de vinos y licores, arman estas jaranas para extender con facilidad; importándoles  una colilla de mal cigarro que los vecinos pacíficos en esos barrios duerman o no duerman, interrumpidos en reposo por la bullanga que allí hacen las cantoras con las cuecas y con los gritos de los que la animan en medio, siempre, de borrachera espantosa.”

“En 1903 se  anunciaba que noche a noche, y hasta en pleno día dar entrada a los lupanares, no sólo adultos, sino también a muchachos licenciosos que burlan  la vigilancia de sus familias o apoderados. Al tener conocimiento de estos hechos, que nos revelan el grado de relajación que van llegando estos desgraciados jóvenes, hemos sabido también el propósito firme de la prefectura de policía de vigilar sin descanso aquellas casas de prostitución, poniendo a disposición de la justicia a sus dueños y a los precoces visitantes sorprendidos infraganti.”

 “[1]con un decreto del día trece de septiembre de 1905 la ilustre municipalidad teniendo presente el acuerdo municipal del 21 de junio de 1904 y lo dispuesto en artículo quince este reglamento de las casas de tolerancia, decreto en notifiqué el por la policía seguridad a las personas que acreditan casas de tolerancia para que en el plazo de quince días se traslade al barrio de villa hermosa, en las calles de Chacabuco con Rancagua, bajo apercibimiento de 20 pesos de multa inspector la sala con las fuerzas públicas” En la década del 20´ el aumento de la prostitución era evidente, era común ver paseándose por las calles del centro autos llenos de mujercitas de dudosa reputación. Con el tiempo se logró disminuir los lupanares clandestinos, promoviéndose el control Municipal sobre este tema.

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