“La Ciencia pop” comentario de Jorge Abasolo

¿Cuánta información y conocimiento se genera diariamente?

Hace dos décadas, en California State University, James Appleberry señalaba que el conocimiento disciplinario tardó 1750 años en duplicarse por primera vez desde el inicio de la era Cristiana. Sin embargo, luego duplicó su volumen cada 150 años, y más adelante, cada 50 años.
En la actualidad, se duplicaría cada cinco años.
Por lo tanto, si usted se siente confundido y tan fuera de foco como gitano en el sauna, no se preocupe tanto. Es la ciencia que lo está inundando.

Ahora, ¿es la ciencia una cuestión exacta? Debiera serlo, pero no siempre ha sido así.

Por ejemplo, en 1971, un grupo de científicos japoneses llevó a cabo un experimento para estudiar los deslizamientos de tierra. Empaparon las laderas de una colina con mangueras de bomberos para crear el efecto de una lluvia intensa. Pero la colina se derrumbó y en la avalancha de tierra posterior murieron cuatro científicos y once observadores.

De esto se infiere que la ciencia a veces nos conduce a puras sandeces y demuestra que los humanos somos más estúpidos que aquello que queremos descubrir o demostrar.
Les cuento esto porque acabo de leer el libro «La Ciencia pop» (Penguin Random House Grupo Editorial S.A.) escrito por un auténtico león de la ciencia.

En efecto, el autor se llama Gabriel León y es más preparado que funeral de Obispo. El hombrón es bioquímico y doctor en Biología Celular y Molecular de la Universidad Católica. Lleva la ciencia en la sangre y la transmite en sus escritos de forma simple y harto pedagógica.

Este libro me dejó perplejo y pensando que mientras Chile destine el 0,3% de su PIB a la ciencia estamos condenados irremisiblemente a una ciencia rasca, anémica y donde científicos como Gabriel León seguirán estrujando sus neuronas en laboratorios tercermundistas.

«La ciencia pop» (200 páginas) despeja de manera didáctica algunas interrogantes, como el aporte de las palomas a las guerras. Se lo digo en serio, porque León nos explica que las palomas poseen cerebros pequeños, no más grandes que la punta del dedo índice. Estos pajarracos son ideales al momento de discriminar estímulos visuales complejos.

No en vano fueron utilizados en la Primera Guerra Mundial como correos aéreos y como satélites espías.

Otros artículos del libro develan cómo un Premio Nobel pudo hacer quebrar a un país. Y más adelante nos revela el caso de Janet Parker, una mujer que murió de viruela el año 1978…¡cuando están enfermedad estaba erradicada en el mundo!
Y hay más: ¿Por qué en Isla de Pascua quieren tanto a los médicos? ¿Por qué Oswald Avery no recibió jamás el Premio Nobel?

Pero el capítulo que me dejó tan descolocado como payaso en un velorio es el denominado ‘Fantasmas en el Cerebro’. Allí, León se refiere a soldados amputados durante la Guerra Civil en los Estados Unidos que seguían experimentando dolor en un miembro amputado.

Y es que el cerebro tiene razones aún recónditas, que permanecen en un arcón tan misterioso como la Biblia.
«La ciencia pop» debería ser lectura obligada en enseñanza media.
Un libro simplemente formidable.

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