Abasolo conversa con Marco Antonio De la Parra

-En La página 12 de su reciente libro libro hay una frase que me golpeó: “La acción se come al diálogo”.

Tal parece que hemos perdido la tolerancia, al decir de Confucio “la más excelsa de las virtudes”.

-Más que la tolerancia hemos perdido la oportunidad de pensar antes que actuar. Dialogar es de viejos ñoños, mirado con desprecio. Recuerda dolorosamente frases como VOTO + FUSIL o PATRIA Y MUERTE, consignas donde la palabra no importaba y la meta era lo único importante sin mediar el diálogo, el respeto, la consideración.

El “deseo” del gobierno se impone por encima del rechazo en las encuestas. Y esto se replica en todas las áreas. El deseo a la fuerza. La sociedad violada.

-Creo que las marchas estudiantiles terminaron por hartar a la opinión pública, que las apoyó en un primer momento. ¿Ha habido intransigencia por parte de ese estudiantado callejero que protesta?

-Sin duda y eso cansa. Por suerte cansa. También es un deseo a la fuerza.

-Un buen barómetro para medir el estado anímico de un país son los taxistas, los salones de belleza y los psiquiatras. ¿De qué se queja hoy el chileno ante el diván, Marco?

-De no tener oportunidades, de vivir una absoluta incertidumbre en sus proyectos laborales, de no poder soñar.

CONFIANZA

-La erosión de la confianza de los ciudadanos en sus dirigentes es un fenómeno mundial, vastamente estudiado por la ciencia política en los últimos veinte años. En este sentido un texto referencial es el del historiador francés Pierre Rosavallon, con su libro “La contrademocracia”.

En el caso chileno queda claro que cuando los que mandan pierden la vergüenza, los mandados pierden el respeto.

¿En qué momento llegamos al pináculo de la desvergüenza político/empresarial/institucional?

-El siglo XXI vino a cobrar todo el bienestar de los años 90 en Occidente al descubrir paulatinamente la corrosión y la corrupción La tentación del dinero, veamos la crisis del 2007 en Estados Unidos, desarmó a la élite y es fatal no tener una clase política limpia, la amenaza del desgobierno en todas las áreas nos aterra o nos agita.

EL TEMA DEL PODER

-Hay pensadores que se prosternan frente a la realidad. Es el caso de Ludwig Wittgenstein, que sostiene que es mejor guardar silencio.

Los custodios de la palabra (los escritores) nunca han estado tan alejados de las realidades del poder. A su vez, el poder nunca ha estado en manos de gente tan hábil para manipular la palabra. Por consiguiente, la cultura occidental es cada vez menos un reflejo crítico de su propia sociedad.

¿Lo cree así?

-No creo que exista tanta habilidad, incluso la demagogia se ha empobrecido. Y el populismo es pobre en su capacidad retórica. Sabe repetir lo que la mas pide y se maneja con frases hechas o de sentido común. Vivimos, diría yo, un brutal empobrecimiento del lenguaje político. No se está pensando, se está llamando a la acción. Y la palabra, como dice Lacan, es lo que detiene la muerte.

-¿Cuál es el verdadero poder: ¿el dinero, la Iglesia o los políticos?

Hoy está diluido y ausente. Debería estar en la clase política, pero la corrupción ha sembrado desconfianza sobre ella.

 

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